El spleen. Esa melancolía. Ese tedio pasajero. La angustia sin causa, el desánimo ante la vida, la actitud desmoralizante. La sensación de agobio sin motivos manifiestos. La desazón visceral. Un sinsabor que acongoja el espíritu, que entristece el alma. El spleen es ese sentimiento inexplicable de desesperanza que nos acaricia por dentro aún con una sonrisa dibujada en el rostro. "¿Se puede reír y llorar a discreción?", se preguntaba Diderot.
Ya en la Antigüedad, los griegos acuñaron el término splēn para referirse al bazo (de allí, la raíz etimológica del vocablo inglés spleen, que denota dicho órgano humano), el cual -se creía en aquella época- era afectado por la bilis negra, una sustancia asociada a la melancolía. Así pues, surge el paralelismo entre el aspecto corpóreo y el emocional del spleen, que llega hasta nuestros días y que cuenta, además, con múltiples interpretaciones similares en diversas lenguas.
Este aburrimiento, derivado de una vida laxa e inerte, supone la inminente búsqueda de un horizonte que arranque de raíz la cotidianeidad y el desgano imperante. Tal propósito -combativo del pesimismo humano- constituye un oasis de creatividad (difícilmente alcanzable) en medio de un inmenso desierto de hastío. Esas dudas existenciales no suelen disiparse con natural sencillez; se atacan con metas sólidas y sinceras, sumadas al entusiasmo por llegar a ellas.
Males como este tuvieron su apogeo en la modernidad, con los incipientes procesos de industrialización y sus inmediatas contrariedades: el consumo masivo, las condiciones laborales precarias, el crecimiento urbano. En aquellos tiempos, no existían terapias ni remedios para paliar la depresión, más que la risa y el aliento emocional. Es así que los médicos de la Inglaterra industrial recetaban a sus pacientes -aquejados por el spleen- una cura infalible: la comedia de Garrick.

David Garrick & his wife (1757), de William Hogarth
David Garrick fue el más célebre intérprete de las obras de Shakespeare en su tiempo. Un aguerrido actor, excelso en su arte, que deleitaba con gran virtud al público más encumbrado de la Inglaterra de la segunda mitad del siglo XIX. Su hazaña, sin embargo, trascendía el clásico drama británico. Garrick era brillante por su facilidad para manejar emociones; eficaz, para atacar el tedio de burgueses y cortesanos; e ingenioso, por sus múltiples recursos de provocación.
Diderot, en su minuciosa crítica del comediante "Paradoxe sur le comedien", supo alguna vez interrogarse sobre el arte del "Roscius inglés, célebre Garrick" (tal como lo define en su obra). En un intento por aproximarse a la destreza del actor sobre el escenario, Diderot describe: "Garrick asoma su cabeza entre las dos hojas de una puerta y, en el intervalo de cuatro a cinco segundos, su rostro pasa sucesivamente de la alegría delirante a la alegría moderada, luego a la tranquilidad, de la tranquilidad a la sorpresa, de la sorpresa al asombro, del asombro a la tristeza..." y así, sufriendo consecutivamente abatimiento, espanto, horror y desesperación, hasta que "retorna después, a través de los mismos estados de ánimo, a la alegría insensata de que había partido".
Y tras aquella observación, se pregunta: "¿Acaso su alma habrá podido experimentar todas esas sensaciones y ejecutar, de acuerdo con el semblante, esa especie de gama? No lo creo, ni usted tampoco... Por ventura, ¿es posible reír y llorar a discreción? No. Se finge el llanto o la risa con mayor o menor fidelidad, se esboza el gesto más o menos engañador, según se sea o no Garrick".
David Garrick era tan hábil transmutando sus sentimientos frente al público como fingiendo sus estados de ánimo en la vida real. Así, pues, el escritor mexicano Juan de Dios Peza escribió un poema sublime dedicado al talentoso actor inglés, aquel que contagiaba el humor al público en las tablas mientras la pena lo acogía en la penumbra. Pero el poeta no sólo nos relata la historia del desdichado Garrick, sino que nos ofrece de forma exquisita una alegoría del pesar de los hombres.
Reír llorando
Viendo a Garrick -actor de la Inglaterra-
el pueblo al aplaudirlo le decía:
"Eres el más gracioso de la tierra,
y el más feliz..." y el cómico reía.
el pueblo al aplaudirlo le decía:
"Eres el más gracioso de la tierra,
y el más feliz..." y el cómico reía.
Víctimas del spleen, los altos lores
en sus noches más negras y pesadas,
iban a ver al rey de los actores,
y cambiaban su spleen en carcajadas.
Una vez, ante un médico famoso,
llegóse un hombre de mirar sombrío:en sus noches más negras y pesadas,
iban a ver al rey de los actores,
y cambiaban su spleen en carcajadas.
Una vez, ante un médico famoso,
sufro -le dijo-, un mal tan espantoso
como esta palidez del rostro mío.
como esta palidez del rostro mío.
Nada me causa encanto ni atractivo;
no me importan mi nombre ni mi suerte;
en un eterno spleen muriendo vivo,
y es mi única pasión la de la muerte.
no me importan mi nombre ni mi suerte;
en un eterno spleen muriendo vivo,
y es mi única pasión la de la muerte.
-Viajad y os distraeréis. -¡Tanto he viajado!
-Las lecturas buscad. -¡Tanto he leído!
-Que os ame una mujer. -¡Si soy amado!
-Un título adquirid. -¡Noble he nacido!
-Las lecturas buscad. -¡Tanto he leído!
-Que os ame una mujer. -¡Si soy amado!
-Un título adquirid. -¡Noble he nacido!
-¿Pobre seréis quizás? -Tengo riquezas.
-¿De lisonjas gustáis? -¡Tantas escucho!
-¿Qué tenéis de familia? -Mis tristezas.
-¿Vais a los cementerios? -Mucho... mucho.
-¿De lisonjas gustáis? -¡Tantas escucho!
-¿Qué tenéis de familia? -Mis tristezas.
-¿Vais a los cementerios? -Mucho... mucho.
-De vuestra vida actual ¿tenéis testigos?
-Sí, mas no dejo que me impongan yugos:
yo les llamo a los muertos mis amigos;
y les llamo a los vivos, mis verdugos.
-Sí, mas no dejo que me impongan yugos:
yo les llamo a los muertos mis amigos;
y les llamo a los vivos, mis verdugos.
Me deja-agrega el médico- perplejo
vuestro mal, y no debe acobardaros;
tomad hoy por receta este consejo
“Sólo viendo a Garrick podréis curaros”.
-¿A Garrik? -Sí, a Garrick... La más remisa
y austera sociedad le busca ansiosa;
todo aquel que lo ve muere de risa;
¡Tiene una gracia artística asombrosa!
vuestro mal, y no debe acobardaros;
tomad hoy por receta este consejo
“Sólo viendo a Garrick podréis curaros”.
-¿A Garrik? -Sí, a Garrick... La más remisa
y austera sociedad le busca ansiosa;
todo aquel que lo ve muere de risa;
¡Tiene una gracia artística asombrosa!
-¿Y a mí me hará reír? -¡Ah! sí, os lo juro;
Él sí; nada más él; mas... ¿qué os inquieta?
-Así -dijo el enfermo-, no me curo:
¡Yo soy Garrick!... Cambiadme la receta.
Él sí; nada más él; mas... ¿qué os inquieta?
-Así -dijo el enfermo-, no me curo:
¡Yo soy Garrick!... Cambiadme la receta.
¡Cuántos hay que, cansados de la vida,
enfermos de pesar, muertos de tedio,
hacen reír como el actor suicida,
sin encontrar para su mal remedio!
enfermos de pesar, muertos de tedio,
hacen reír como el actor suicida,
sin encontrar para su mal remedio!
¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora!
¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,
porque en los seres que el dolor devora
el alma llora cuando el rostro ríe!
¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,
porque en los seres que el dolor devora
el alma llora cuando el rostro ríe!
Si se muere la fe, si huye la calma,
si sólo abrojos nuestra planta pisa,
lanza a la faz la tempestad del alma
un relámpago triste: la sonrisa.
si sólo abrojos nuestra planta pisa,
lanza a la faz la tempestad del alma
un relámpago triste: la sonrisa.
El carnaval del mundo engaña tanto,
que las vidas son breves mascaradas;
aquí aprendemos a reír con llanto,
y también a llorar con carcajadas.
que las vidas son breves mascaradas;
aquí aprendemos a reír con llanto,
y también a llorar con carcajadas.
Juan de Dios Peza
"Cuántos hay que, cansados de la vida, enfermos de pesar, muertos de tedio, hacen reír como el actor suicida, sin encontrar para su mal remedio". Aunque nos aqueje un hastío terrible, aunque nos mate la angustia y el desgano, y seamos seres débiles de espíritu, siempre recordemos que nuestro paso por la Tierra es efímero, y debemos vivir, a pesar de la vida. Maestro "Canario" Luna, lo invito pues... cante en versos melodiosos el pesar de nuestras almas, porque así aprenderemos "a reír con llanto y también a llorar con carcajadas"...
"Cuántos hay que, cansados de la vida, enfermos de pesar, muertos de tedio, hacen reír como el actor suicida, sin encontrar para su mal remedio". Aunque nos aqueje un hastío terrible, aunque nos mate la angustia y el desgano, y seamos seres débiles de espíritu, siempre recordemos que nuestro paso por la Tierra es efímero, y debemos vivir, a pesar de la vida. Maestro "Canario" Luna, lo invito pues... cante en versos melodiosos el pesar de nuestras almas, porque así aprenderemos "a reír con llanto y también a llorar con carcajadas"...